Archivo por meses: abril 2019

  • Qué es la rehabilitación psicosocial de personas con enfermedad mental

    Rehabilitación psicosocial de personas con enfermedad mental

    En qué consiste la rehabilitación psicosocial

    Cada vez son más los profesiones que trabajan con trastornos mentales crónicos y deciden especializarse en la rehabilitación psicosocial de sus pacientes por estar demostrando ser la mejor forma de abordar su tratamiento, recuperación y reinserción plena en su entorno y en la sociedad.

    Y es que la integración en la comunidad y en el mercado laboral consiguen que nuestros pacientes puedan desarrollar una vida normal y lo más autónoma posible, dos aspectos indispensables para la recuperación.

    Los principios de la rehabilitación psicosocial

    Este abordaje se basa en tres pilares fundamentales: la autonomía del paciente, la normalización de la patología que padece y su independencia.
    Como ya habrás descubierto, para el éxito de este tratamiento no basta con la intervención de un profesional sino que requiere la participación activa de la familia ayudando al paciente, fomentando relaciones familiares saludables, acompañando en las fases iniciales de la independencia, escuchando inquietudes, observando cambios y acompañando siempre que sea necesario. Este apoyo cercano sin llegar a agobiar y favoreciendo la autonomía del paciente mejora su autoestima, le ayuda a retomar una vida normal y mejora el clima familiar general.

    Cómo evaluar a nuestros pacientes

    El tratamiento para la rehabilitación psicosocial de cualquier paciente requiere una evaluación inicial en la que analizaremos el estado del que partimos, cómo está nuestro paciente, qué actividades hace, con qué apoyos cuenta, qué le gustaría hacer y cómo es su entorno. Para ello deberemos tener distintas entrevistas tanto con el afectado como con sus familiares y amigos. Estas primeras conversaciones nos permitirán establecer unas pautas generales de actuación y unos objetivos progresivos a conseguir. Es importante que no veamos estos “hitos del tratamiento” como una cadena cerrada, sino que evaluemos de forma constante el tratamiento completo para ir adaptándonos a las necesidades y cambios de nuestro paciente en cada momento.

    La aplicación de métodos y técnicas variarán en cada caso. Estas son algunas de las más empleadas:

    1. Conciencia del trastorno y aceptación de tratamiento. Las enfermedades mentales están rodeadas de un gran desconocimiento, incluso en los propios pacientes. Nuestra primera misión consistirá en ayudarle a comprender qué le pasa, cuáles son los síntomas que puede tener, que tratamientos médicos y conductuales emplearemos para mejorar… Es importante que respondamos a todas las preguntas que nos hagan y que mostremos empatía con sus inquietudes. La cercanía y comprensión es fundamental con este tipo de pacientes. La conciencia y aceptación del trastorno se extenderá después a la familia, a quien daremos pautas de actuación que puedan ayudar en el éxito del tratamiento. El apoyo de un especialista es clave para el entorno de un paciente con enfermedades mentales y puedes sorprenderte hablando más con los familiares del tuyo que con el propio paciente. No olvides que todos son fundamentales en el tratamiento.
    2. Entrenar las habilidades cognitivas. Mediante técnicas psicoeducativas y cognitivo-conductuales se trabaja en atención y concentración.
    3. Mejorar su vida social. Conocer los intereses del paciente es clave para potenciarlos. Interésate por sus actividades de ocio y anímale a que las practique todo lo que pueda, mejor si es acompañado por gente con la que se sienta bien.
    4. Procurar la integración laboral. Puede ser un paso complicado, pero también el más gratificante para nuestro paciente cuando vea que ya es capaz de desarrollar un trabajo remunerado, adquirir una responsabilidad y cumplir con sus obligaciones. Si el camino no está siendo sencillo, ve incorporándole de forma progresiva, comenzando por trabajos a tiempo parcial y ampliando poco a poco jornadas laborales y dificultad del empleo desarrollado.
    5. Favorece su independencia. ¿Tu paciente necesita vivir con otros adultos para estar controlado? La independencia será el último paso de nuestro tratamiento y el más complicado para todos. Nuestro paciente puede sentirse inseguro y la familia temerosa de que algo vaya mal fuera de su control. Como en el caso del trabajo, plantéalo de forma progresiva y sin forzar a ninguna de las partes.

    En el curso 'Rehabilitación psicosocial de personas con enfermedad mental' que impartimos en iFIS Educación aprenderás todo lo necesario para desarrollarlo con tus pacientes.

  • Qué es la tutela de adultos

    La tutela de adultos, qué es y qué conlleva

    Tutela de adultos, una opción muy necesaria

    En situaciones normales, el padre y la madre son los tutores legales de sus hijos pero, ¿qué ocurre cuando uno de los dos falta? ¿Y si es un adulto quien necesita que se hagan cargo de él porque sus limitaciones le impiden ejercerla por sí mismo? La tutela viene a dar respuesta a estos casos. En este artículo nos centramos en la tutela de adultos.

    La designación del tutor

    La tutela de adultos es una situación legal en la que un juez nombra a una persona u organización responsable de los cuidados de otro adulto, que no se puede cuidar a sí mismo o manejar sus propias finanzas.

    La tutela, la curatela y el defensor judicial son formas de guarda contempladas en nuestro ordenamiento jurídico para proteger a quienes lo necesitan.

    Lo más habitual es optar por un familiar como tutor y de hecho el Código Civil incluye un orden de prioridades. Solo cuando esa lista queda extinguida será el juez quien designe tutor a personas o instituciones que, por sus relaciones con el tutelado y en beneficio de éste, considere más idóneo. Igualmente puede primar a alguien con “menos prioridad” si hay razones que lo justifiquen.
    El orden de preferencia establecido en el Código Civil establece:

    1. El designado por el propio incapacitado en documento notarial antes de ser declarado incapaz, cuando todavía contaba con capacidad de obrar.
    2. El cónyuge.
    3. Los padres.
    4. La persona designada por los padres en sus últimas voluntades o documento ante notario.
    5. El ascendiente, descendiente o hermano que designe el juez.

    Se da también el caso en que son personas jurídicas o instituciones quienes han de hacerse cargo de la tutela de adultos cuando no se cuenta con otros interesados, asumiéndola, por ejemplo, la Comunidad Autónoma.

    Las obligaciones y derechos del tutor

    La primera y más notoria es que es el representante legal de la persona tutelada y firmará en su nombre en todos los actos con trascendencia jurídica. Y pese a que esta sea la más “oficial”, la obligación más práctica será la de velar por el tutelado a todos los niveles: procurarle alimentos, procurarle una formación integral, favorecer su mejor inserción en la sociedad...

    En los 60 días siguientes a la aceptación de la tutela, y con el objetivo de proteger al tutelado, tiene la obligación presentar al Juez un inventario de los bienes y deudas e informará anualmente al juzgado de la situación personal y patrimonial presentando una rendición anual de cuentas.

    Igualmente habrá determinadas situaciones en las que no podrá actuar por su cuenta y riesgo y necesitará la autorización del juez: para internar al tutelado en un centro, para enajenar o gravar sus posesiones, para aceptar cualquier herencia, hacer gastos extras, interponer demandas en nombre de los sujetos de tutela, pedir préstamos, arrendar bienes o cederlos a terceros…

    En cuanto a sus derechos, puede percibir una retribución si el patrimonio del tutelado lo permite y el juez lo autoriza. También puede ser indemnizado por los daños y perjuicios que sufra en el ejercicio de la tutela, sin culpa por su parte, con cargo a los bienes del tutelado.

    En el caso de la tutela de adultos, esta termina con el fallecimiento del tutelado.

    La curatela y el defensor judicial

    Son dos figuras también contempladas en nuestro ordenamiento jurídico para la protección de las personas dependientes que no son lo mismo que la tutela.
    Cuando hablamos de curatela nos referimos a la institución de guarda que se establece para complementar la capacidad de aquellas personas que conservan cierto grado de autogobierno, suficiente para tomar decisiones sencillas, pero no tiene una capacidad plena. Es fundamentalmente una institución de asistencia y no de representación, quedando limitada la intervención del curador a aquellos actos que la persona incapacitada no pueda realizar por sí solo, y que expresamente establezca la sentencia judicial por la que se establece.
    Mientras, el defensor judicial es una figura de guarda que se caracteriza por su actuación transitoria y que se limita a es representar, o en su caso, asistir al incapaz en situaciones en que no pueden hacerlo sus progenitores, el tutor o el curador.

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  • Diferencias entre coaching y mediación

    Mediación y coaching, similitudes y diferencias

    Coaching y mediación son completamente distintas

    Los sectores empresariales observan como cada vez, con más frecuencia, nuevas disciplinas como el Coaching o la mediación se introducen en sus escenarios de trabajo, instaurando su influencia en las relaciones laborales, en la resolución de conflictos, en la estrategia empresarial, en el liderazgo y/o en la dirección de equipos.

    La mediación el coaching no son iguales ni en su filosofía, ni en sus metodologías ni en los objetivos que buscan.

    Muchos tienden a relacionar y, a menudo a confundir, los preceptos de la mediación laboral con el Coaching, pero ni su filosofía, ni sus metodologías ni sus objetivos son los mismos.

    1. El Coaching empresarial ayuda al cliente (empresario) a identificar objetivos, favoreciendo un proceso de reflexión sobre el plan de acción más adecuado para lograrlos, mientras que la mediación no persigue directamente el éxito empresarial ni la optimización de resultados. Ésta última, focaliza su acción en el/los equipo/s de trabajo y dota a éstos de herramientas útiles para gestionar sus propios conflictos. Entendemos que de forma indirecta influye positivamente en la eficiencia y eficacia empresariales.
    2. Ni el coach ni la figura del mediador son consejeros. Ambos son facilitadores de procesos. El primero, promueve en sus clientes mecanismos de reflexión individual dirigidos a la clarificación de metas y a la toma de decisiones. En cambio, el segundo se presenta como un facilitador de la comunicación, procurando que la información fluya entre las personas implicadas, hasta conseguir el reconocimiento mutuo, el entendimiento y el establecimiento de acuerdos.
    3. La mediación laboral, desde el punto de vista preventivo, se centra en formar a los empleados de una empresa en técnicas para la gestión de conflictos. Asimismo, potencia o instaura en los equipos de trabajo habilidades básicas para el desarrollo de una convivencia laboral saludable que genere un clima de trabajo positivo y como consecuencia, una mejora en los resultados finales. Desde esta perspectiva educativa, el Coaching camina hacia un proceso más individual y de crecimiento personal que no busca ni persigue directamente la mejora de las relaciones y/o del clima laboral, sino que ayuda al cliente a fijar objetivos personales, laborales, deportivos, etc y a trabajar conforme a ellos, sacando el máximo rendimiento a sus potencialidades y trabajando aquellos factores de vulnerabilidad que dificulten la consecución de las metas.

    Se podría decir que el Coaching y la Mediación Laboral, son disciplinas que se pueden complementar, no son excluyentes, de hecho comparten algunas técnicas (grupales), pero ni persiguen los mismas objetivos ni su metodología es igual.

    Fórmate con el curso de "Mediación: técnicas y ámbitos de aplicación"que se imparte en iFIS Educación.

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