Cursos IFIS

Cursos y programas formativos sobre intervención social

  • 6-febrero. Día Internacional de Tolerancia 0 con la Mutilación Genital Femenina

    La mutilación genital femenina

    Mutilación Genital Femenina, una lacra aún presente

    Muchas son las formas de desigualdad y abuso a las que las mujeres han de hacer frente en todo el mundo cada día. Una de las peores, por humillante, lesiva, injustificada y desproporcionada, es la mutilación genital femenina (MGF).

    200 millones de mujeres y niñas han sido víctimas de la MGF en el mundo

    Cada 6 de febrero se celebra el Día Internacional de tolerancia cero con la mutilación genital femenina, una jornada para recordar a quienes la han padecido y siguen padeciendo y para recordar qué podemos hacer contra ella.

    Qué es la mutilación genital femenina

    Definimos así cualquier procedimiento que deforma de forma intencionada y sin justificación médica alguna los órganos genitales femeninos mediante la resección total o parcial de algina de sus partes. La MGF es una violación de los Derechos Humanos de la mujer y las niñas, de los derechos de la salud, la seguridad y la integridad física, entre otros y forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que se plantea el 2030 como la fecha tope para su erradicación.

    Cuando hablamos de MGF podemos distinguir hasta cuatro tipos:

    • Tipo 1. Conocida como clitoridectomía, consiste en la resección total o parcial del clítoris o, de forma menos frecuente, del prepucio, el pliegue de piel que lo recubre.
    • Tipo 2. Se la denomina excisión y consiste en la resección total o parcial del clítoris y los labios menores.
    • Tipo 3. La infibulación es el estrechamiento de la apertura vaginal y la recolocación de los labios menores con resección o no del clítoris.
    • Tipo 4. Engloba toda clase de procedimientos lesivos contra los genitales femeninos.

    La mutilación no causa ningún beneficio a la mujer, todo lo contrario. Entre las complicaciones inmediatas destacan el dolor intenso, hemorragias, inflamación de la zona, fiebre, infección por tétanos al no realizarse en entornos estériles, lesiones de los tejidos vecinos, estado de shock e incluso la muerte. Y pese a todos estos inconvenientes, los más graves se dan a largo plazo y están marcados por las infecciones urinarias a lo largo de toda la vida, los problemas vaginales, menstruales y sexuales, el aumento de riesgo de complicaciones en el parto y toda clase de trastornos psicológicos.

    La MGF en el mundo

    Según datos de la ONU, 200 millones de mujeres y niñas han sido víctimas de mutilación de su aparato genital en 30 países de África, Oriente Medio y Asia, la mayoría de ellas antes de los 15 años y en muchos casos tras el propio parto elaborada por circuncidores tradicionales

    La lucha contra la mutilación genital femenina

    Aunque las campañas de organismos internacionales contra esta práctica empezó mucho antes, no fue hasta 1997 cuando la OMS, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) hicieron pública una declaración conjunta contra ella. Desde entonces se han hecho grandes esfuerzos en el marco de la investigación, el trabajo con las comunidades y el cambio de las políticas públicas. Entre otras medidas se han creado organismos internacionales de seguimiento de la adopción de resoluciones que condenan la práctica y se han revisado los ordenamientos legislativos en 26 países de África y el Oriente Medio, así como en otros 33 países industrializados donde hay una población inmigrante procedente de países donde se practica la mutilación genital femenina. Estas estrategias ya han dado resultado y se ha registrado una disminución de las mutilaciones y un aumento de las mujeres y hombres que se atreven a dar el paso y declara a favor de su eliminación. Pero no es suficiente.
    En 2007, el UNFPA y el UNICEF pusieron en marcha el Programa conjunto sobre la mutilación/ablación genital femenina con el objetivo de lograr que esta práctica sea abandonada cuanto antes y en 2008 la OMS, junto con otros nueve organismos de las Naciones Unidas, hizo pública una declaración sobre el tema que se consolidó en 2010 con la publicación de una estrategia mundial destinada a impedir que el personal de salud practicase la mutilación genital femenina. En diciembre de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución relativa a la eliminación de la mutilación genital femenina.
    El último paso dado hasta ahora tuvo lugar en mayo de 2016, momento en que la OMS, en colaboración con el programa conjunto del UNFPA y el UNICEF sobre la MGF, presentó las primeras directrices basadas en evidencias sobre el tratamiento de las complicaciones ocasionadas por la MGF en la salud.

    Su estudio en iFIS Educación

    La mutilación genital femenina es una forma más de violencia contra las mujeres y las niñas y como tal se estudia en los cursos sobre violencia de género que impartimos en iFIS Educación, tomada como elemento de análisis de violencia ancestral del hombre.

  • Derecho de familia y mediación

    Derecho de familia y mediación

    Derecho de familia y mediación pueden chocar

    La mediación admite profesionales de distintas ramas de las ciencias sociales y sanitarias, como abogados/as, psicólogos/as, trabajadores/as sociales… lo cual aporta, indudablemente, una mayor riqueza y multidisciplinariedad a la profesión. Sin embargo, es frecuente que las líneas entre la Mediación y la profesión de origen se desdibujen y sean difusas, desvirtuándose la Mediación como disciplina profesionalizada e independiente.

    Muchos abogados especialistas en Derecho de familia se ofrecen como mediadores, difuminando la frontera entre ambos trabajos.

    Uno de los ejemplos más frecuentes lo tenemos entre el Derecho y la Mediación, especialmente cuando se abordan casos civiles (familiares). Desde la óptica del Derecho de familia, muchos letrados/as presentan una clara predisposición conciliadora muy próxima a los paradigmas de la Mediación, lo cual es una ventaja muy positiva a la hora de que dicha predisposición pueda ser complementada con una formación teórico-práctica en Mediación. El problema lo encontramos en profesionales de la abogacía, especialistas en Derecho de familia, que desarrollan su labor desde una filosofía negociadora y conciliadora, pero que no están formados en Mediación y se apropian del ámbito de la actividad, sin dotar al proceso del tiempo, ritmo, riqueza, herramientas, y de la oportunidad de transformación del conflicto, utilizando además, el nombre de la disciplina para promocionar y publicitar los servicios que presta.

    Aún encontrándonos con profesionales del Derecho de familia que desempeñan su trabajo de una manera conciliadora, es necesario establecer los límites de cada disciplina y de cada rol profesional. En materia de separaciones y divorcios, que es donde más solapamiento de la Mediación y el Derecho hay, el objetivo del abogado/a es hacer llegar a las partes en conflicto a la firma de un convenio regulador, lo más ventajoso posible para cada una, que se entienda equitativo y justo y que sea plausible de cara a su aprobación judicial. Los mediadores/as también tenemos un papel importante en relación a este documento, pero diferente, si bien es más novedoso y emergente, debido a la juventud de la profesión, que consiste en la dinamización y facilitación de un proceso basado en el diálogo encaminado al diseño de los acuerdos que se plasmarán en el convenio regulador. No obstante, este no es el objetivo principal de la Mediación; en su lugar, persigue que la comunicación entre las partes se restablezca y se equilibre, sentando las bases de una relación positiva en el pos-divorcio.

    Por ello entendemos que la delimitación de las fronteras entre una disciplina y otra es fundamental para implementar procesos eficaces, colaborativos y complementarios entre ambas que ayuden a las partes a gestionar de la mejor forma posible las separaciones y los divorcios, así como la vida que se abre paso después.

    Con el curso de iFIS Educación 'Mediación: ámbitos y técnicas de aplicación' contarás con la formación adecuada para encarar este tipo de procesos.

  • Formación especializada para trabajadores sociales, psicólogos y educadores sociales

    Formación especializada

    La formación especializada, clave en la intervención social

    Decidirse a trabajar con personas necesitadas es uno de los pasos más gratificantes que darás en tu vida. No será fácil, descubrirás que el mundo concentra más problemas de los que podemos manejar, que todo tu esfuerzo no te servirá para llegar a todas partes, te costará no llevarte “el trabajo a casa” y desconectar de lo que ves en tu día a día… Y sin embargo, cuando empieces a trabajar como trabajador o trabajadora social, psicólogo o psicóloga o educador o educadora social te darás cuenta de que has nacido para esto y de que ya no imaginas otro modo de vida que no suponga ayudar a los demás.

    La formación especializada nos permite dotarnos de las herramientas necesarias para distinguirnos como profesionales en nuestro sector.

    La importancia de la formación especializada

    Violencia de género, personas sin hogar, problemas de identidad de género, acoso escolar, desprotección infantil La sociedad actual enfrenta una enorme cantidad de problemas que no pueden ser abordados desde la misma perspectiva y con las mismas estrategias.

    Las nociones que aprenderás en la facultad serán la base fundamental para desenvolverte con soltura en tu entorno laboral, pero no bastará. ¿O acaso crees que se puede abordar igual una mediación familiar que la situación de un niño que padece acoso escolar? Es por eso que la especialización sectorial es necesaria para poder distinguirnos como profesionales y dotarnos de todos los recursos a nuestro alcance para poder trabajar.

    En iFIS Educación somos conscientes de esta situación y diseñamos completos cursos de formación que te permitirán especializarte en la dirección de centros de servicios sociales; prevención, detección y atención a víctimas de la violencia de género; violencia sexual y de género en la infancia y la adolescencia; mediación; intervención en salud mental; rehabilitación psicosocial de personas con enfermedad mental; intervención de personas sin hogar; protección y tutela de adultos y desprotección infantil.

    Aprendiendo de los mejores

    ¿Has oído alguna vez que “la experiencia es un grado”? Cuando hablamos de intervención social más que “un grado” es una necesidad. Nadie sabe qué se necesita para trabajar con personas necesitadas que alguien que se ha desenvuelto en ese entorno. Los profesores de iFIS Educación, además de contar con la formación teórica que les permitirá orientaros durante todo el curso, poseen la “experiencia de campo” que da haber trabajado en el sector durante años.

    No lo dudes más. Completa tu formación con los profesores más preparados y experimentados y especialízate en servicios sociales.

  • ¿Qué hace un director o directora de un centro de servicios sociales?

    Dirección centro de servicios sociales

    El centro de servicios sociales, en buenas manos

    Ayudan a decenas o centenares de personas todos los días, gestionan recursos escasos en la mayoría de los casos, procuran escuchar los problemas y necesidades de todos y todas y hacen verdaderos malabares para intentar llegar a todas partes. Los trabajadores de centros de servicios sociales se enfrentan en su trabajo diario a la necesidad de solventar ingentes necesidades con recursos cada vez más limitados. Al frente de todos ellos se sitúa el director o la directora del centro de servicios sociales, el máximo responsable del mismo y quien intenta que todos los platillos se mantengan en el aire en perfecto equilibrio. Un profesional comprometido, empático y, sobre todo, bien formado.

    El director o la directora de un centro de servicios sociales debe ser un profesional formado, responsable, empático, con capacidad analítica y de resolución de conflictos.

    Qué requisitos debe reunir un director o directora de un centro de servicios sociales

    La ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, conocida popularmente como Ley de Dependencia, establece los requisitos formativos mínimos que debe poseer una persona para optar a la dirección de un centro de servicios sociales. En ella se explicita que los criterios comunes de acreditación son:

    • Ser diplomado universitario de grado medio en titulaciones preferentemente de las ciencias humanas o sociales y las sanitarias.
    • De no contar con esta titulación, puede acreditarse con experiencia laboral en el sector de al menos tres años.
    • En ambos casos debe contarse con formación especializada en el sector sociosanitario -dependencia, discapacidad, geriatría, gerontología, dirección de centros…

    Estos requisitos son los mínimos exigidos en todo el territorio nacional. Además de ellos, cada Comunidad Autónoma puede añadir las que considere necesarias. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid se exige que se inscriban en el Registro de Directores si realizan su actividad en su territorio para lo que se requiere haber realizado las acciones formativas habilitantes para desarrollar las funciones de director, homologadas por la consejería de servicios sociales, y no encontrarse sancionado, con carácter firme, por cualquiera de las Administraciones Públicas.

    Qué hace un director o directora de un centro de servicios sociales

    Las labores del responsable de la dirección de un centro de servicios sociales podrían englobarse en tres categorías:

    1. De organización. De él o ella dependerá el reparto de todos los recursos del centro: económicos, logísticos, humanos… Será quien tomará la última decisión sobre cómo se reparte el presupuesto, para qué se dedica cada euro de él, que profesional se encargará de cada caso, cuántas personas podrán atenderse para ajustarse a esos medios, qué sectores merecerán especial atención... Para ello es importante que conozca bien las necesidades de la zona en la que se encuentra su centro (cada localidad e incluso cada barrio pueden tener necesidades distintas según el tipo de población que viva en ella) y contar con una enorme capacidad de análisis y adaptación a los cambios que vayan surgiendo a lo largo del ejercicio.
    2. De coordinación. En un centro de servicios sociales se desarrollan muchísimas actividades, desde la mera limpieza del mismo a los talleres ocupacionales que imparta, las asistencias a domicilio, los servicios de asistencia psicológica y acompañamiento… El director o la directora del centro deberá conocerlos todos y coordinarlos para que todo funcione como un reloj. El fallo en cualquiera de estos departamentos puede causar un problema serio en la calidad de nuestra asistencia.
    3. De administración. Implícita en las dos anteriores. Él o ella sabrá cuánto se gasta en cada cosa que se haga y deberá ser tremendamente responsable para no malgastar ni un euro y ecuánime para atender todas las necesidades por igual.

    Todo ello hace que el director o la directora de un centro de servicios sociales deba ser un profesional versátil, capaz de resolver problemas y tomar decisiones de forma ágil y eficaz; planificar y coordinar; establecer las relaciones interpersonales de forma positiva y optimizar los recursos humanos. Además, deberá motivar a su equipo, escucharlo y tener en cuenta sus opiniones pues, en ocasiones, la enorme responsabilidad que recae sobre sus hombros puede hacer que se aleje de las necesidades de a pie, una perspectiva que nunca debemos perder cuando trabajamos en servicios sociales.

    En iFIS Educación cuentas con un completo curso homologado por la Comunidad de Madrid con el que te formarás en todos estos aspectos y te convertirás en un profesional preparado para afrontar cualquier situación que se te presente.

  • La formación en violencia de género, fundamental para muchos profesionales

    Formación en violencia de género

    Una adecuada formación en violencia de género es clave para combatirla

    47 víctimas se ha cobrado la violencia de género a lo largo de 2018 en nuestro país. Solo 14 de ellas, menos del 30%, habían denunciado a su asesino según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad. En los casos en que sí hubo denuncia previa, en 13 había sido interpuesta por la propia víctima y solo en uno por personas de su entorno. Además, de los 14 casos de maltrato denunciados ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en cuatro de ellos las víctimas decidieron no continuar con el proceso. Unas cifras que vuelven a poner negro sobre blanco que España tiene un largo camino por recorrer en materia de violencia de género y que exige el compromiso de todos para poder alcanzar la meta.

    La formación en violencia de género es el mejor instrumento para comprender los mecanismos mediante los cuales se ejerce, las señales que manifiesta para reconocerla, cómo acercarnos a la víctima y abordar la situación y, lo más importante, cómo ayudarla a salir de ella.

    Desde todos los sectores (educativos, jurídicos, sanitarios, políticos…) se insiste en que la educación está en la base de la lucha contra la violencia de género. Ya lo decía Pitágoras en el siglo V a.C: “educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Por eso la formación en violencia de género debe ser prioritaria tanto en los planes de estudio de las escuelas como en todos los ámbitos profesionales que intervienen en la lucha contra ella.

    Qué es la violencia de género

    La Ley Orgánica 1/2004 de Protección Integral contra la Violencia de Género en su artículo 1 la define como: “Todo acto de violencia (…) que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia. (…) que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. Es por ello que podemos hablar hasta de 7 tipos de violencia de género: física, psicológica, sexual, económica, patrimonial, social y vicaría.

    Por qué es importante la formación en violencia de género

    La formación en violencia de género es el mejor instrumento para comprender los mecanismos mediante los cuales se ejerce, variados y muy complejos, las diferentes formas en que se presenta, las señales que manifiesta para reconocerla, cómo acercarnos a la víctima y abordar la situación y, lo más importante, cómo ayudarla a salir de ella. El hecho de que la violencia de género pueda ser ejercida de tantas formas diferentes, algunas muy sutiles y difíciles de identificar, otorga una mayor importancia a la formación sobre ella. Gracias a ella seremos capaces de detectar más casos y de forma más temprana.

    Qué profesionales deben formarse en violencia de género

    Aunque la lucha contra la violencia de género es una tarea que nos compete a todos, hay sectores profesionales en los que la formación en ella es aún más importante. Por ejemplo, el educativo. Los maestros y profesores forman a los adultos del mañana y por todos es sabido que la infancia es el mejor momento para educar en valores. Los planes de estudios deberían contar con horas lectivas para la formación en la igualdad que incluyera contenidos sobre violencia de género. Además, los profesores deberían contar con las herramientas para identificar casos de violencia ejercidas sobre los niños desde el hogar para poder protegerles.

    Otros profesionales que, sin lugar a dudas, necesitan formación en violencia de género son los sanitarios: médicos, especialmente los que trabajan en servicios de urgencia y los médicos de familia, enfermeras y enfermeros y psicólogos y psicólogas, además de los trabajadores y trabajadoras sociales, desarrollen su labor donde la desarrollen.

    Para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado es una formación de inmensa utilidad y de hecho los diferentes cuerpos cuentan con unidades especializadas en ella y el sector político y el legal, abogados, fiscales y, sobre todo jueces, y el político deberían formarse ampliamente en esta materia, pues son los que, en última instancia, desarrollan y aplican las leyes para combatir todas sus manifestaciones.

    En iFIS Educación contamos con cursos para formarte en este campo. No dudes en inscribirte a ellos.

  • Seis principios básicos de la mediación familiar en separaciones y/o divorcios

    Principios de la mediación familiar en divorcios
    La mediación familiar, tal y como nuestro equipo la entiende, se fundamenta en una serie de premisas básicas que rigen la metodología de nuestra intervención.
    Ser conscientes de que trabajamos con personas es vital, así como apropiarnos de la complejidad que de ello se deriva. Encontrarse ante la heterogeneidad personal, educativa, generacional y cultural de los usuarios y ante mapas emocionales distintos, hace que el trabajo con seres humanos sea enriquecedor pero a la vez complejo.

    Ser conscientes de que trabajamos con personas y adaptarse a la heterogeneidad personal, educativa, generacional y cultural de los usuarios y a mapas emocionales es clave cuando trabajamos en mediación.

    Claves en la mediación en separaciones y/o divorcios

    A continuación detallamos algunos de los principios básicos que orientan la actividad profesional en los casos de divorcio y separación:

    1. Respeto absoluto a los usuarios, a sus convicciones, a sus sentimientos y a sus decisiones, evitando cualquier juicio y/o intervención que pueda dañar o poner en riesgo la integridad física y emocional de los mismos. Considerar el comportamiento humano desde la perspectiva ética, respetando los derechos y las garantías de los mediados ha de ser el eje fundamental de nuestra labor profesional. En este aspecto, cabe destacar la importancia de contar con un marco teórico y deontológico. (Para ampliar sobre este tema, véase el artículo en el blog de esta web, “Deontología de la Mediación”).
    2. La separación o el divorcio no se traducen en la ruptura de la familia. Para los hijos/as no ha de suponer la pérdida de alguno de los progenitores, pues los vínculos con ambos padres deben conservarse intactos. Es cierto que la separación se manifiesta como una crisis que supone la necesidad de una reestructuración familiar y de un cambio en la dinámica. Cómo adaptar esa dinámica a la nueva realidad de las partes de forma que las necesidades de todos los miembros de la familia queden cubiertas será objeto de trabajo en el proceso de mediación.
    3. La intención de los acuerdos logrados en mediación es establecer los cimientos que orienten las relaciones de futuro entre los mediados. El diseño de esas bases y del futuro de la familia, en definitiva, será tarea de los propios mediados. La mediación dota de protagonismo a las partes, considerándolas agentes activos y con responsabilidad en la configuración de la futura vida familiar.
    4. Fiel creencia en la mediación familiar como alternativa a la resolución de conflictos. Siempre que exista voluntariedad, la mediación favorece la comunicación, el entendimiento y el logro de acuerdos consensuados entre las partes. Se trata de una vía más ágil y más económica que el itinerario judicial, adaptada a las necesidades y particularidades de la familia.
    5. Necesidad de contar con una formación teórico-práctica específica para poder ejercer la mediación. A parte de requerirse una formación de origen universitaria en ciencias humanas, sociales o jurídicas, se exige una formación teórica y práctica especializada en la materia que verse sobre derecho de familia, herramientas en resolución de conflictos, técnicas específicas, etc. Dicha formación podrá ser requerida en cualquier momento del proceso por las personas mediadas.
    6. La confidencialidad como un derecho inquebrantable, salvo contadas excepciones. La confidencialidad es “uno de los pilares de la mediación” tal y como explica Mario de Almeida en su libro "Reflexiones sobre la confidencialidad". Sobre este principio descansa la confianza de los participantes en el proceso y en el profesional y facilita la expresión de sentimientos, intereses e ideas. No obstante, existen determinadas situaciones que exigen la revelación del secreto profesional, si con ello prevenimos o denunciamos una conducta criminal.

    A modo de conclusión final, incidiremos en que desarrollar las funciones de un mediador/a, supone un ejercicio de responsabilidad para con las partes implicadas. Ejercer con responsabilidad y conocimiento esta labor salvaguarda los derechos de los/as que acuden a mediación familiar.

    Si quieres obtener las herramientas y técnicas para la mediación de conflictos, te esperamos en nuestra formación especializada:

    Mediación: ámbitos y técnicas de aplicación

  • Las siete cualidades de la figura del mediador

    Las cualidades básicas de un mediador

    La figura del mediador en la resolución de conflictos

    En un proceso de gestión de conflictos, la figura del profesional en mediación cobra un peso relevante como canalizadora y facilitadora de la comunicación y del conflicto. La formación continua, una visión ética, la experiencia y la apertura hacia nuevos conocimientos, técnicas y horizontes, ayudan a configurar un estilo personal en el/a profesional. Sin embargo, existen una serie de premisas básicas exigibles a todo profesional que sientan las bases para el buen desarrollo de la disciplina.

    Un buen mediador no debe juzgar ni tomar parte; tampoco se encarga de resolver el conflicto, sino de crear cauces para que las partes lo logren.

    Cualidades básicas en un mediador

    Algunas de las cualidades que forman parten de un estilo positivo de gestión del conflicto son:

    • Establecer las normas. Es la mediadora o el mediador quien establece las normas para el buen funcionamiento del proceso, atendiendo a lo dispuesto en manuales y códigos de conducta.
    • No juzgar. Los conflictos no deben verse como algo negativo o positivo, simplemente se trata de canalizar la forma en la que ese conflicto se puede abordar. Por tanto, evitaremos ejercer de jueces y partes en un conflicto.
    • Escuchar activamente. Se trata de escuchar y ser capaces de comprender a las personas afectadas por un conflicto, sin emitir juicios de valor, consejos o recomendaciones.
    • Respetar la confidencialidad. Es un aspecto básico para la generación de confianza y está respaldada por distintos textos legales y códigos de deontológicos.
    • No sancionar. De acuerdo a su carácter voluntario, el mediador/a no tiene la capacidad ni se encuentra en el papel de sancionar.
    • No dar soluciones. Aunque es algo que a los afectados de un conflicto les cuesta entender en ocasiones, el profesional no es la persona que soluciona el conflicto, son las partes las que han de llegar con ayuda del mediador/a a la opción que satisfaga a ambos en mayor medida. El/a mediador/a tiene como objeto escuchar, facilitar la comunicación, clarificar, reformular y generar alternativas, pero en ningún caso deben dar la solución al conflicto.
    • Saber parafrasear. El hecho de poder parafrasear permite que otra persona neutral repita las palabras que los afectados por el conflicto han pronunciado, pues escuchada en la voz de otro/a tiene un efecto diferente. Además es una manera de hacer ver lo que se dice, lo que se quiere decir y lo que los demás han entendido. El valor de la palabra es algo esencial en una mediación porque de ella depende en gran medida la gestión de cualquier conflicto.

    Si quieres obtener las herramientas y técnicas para la mediación de conflictos, te esperamos en nuestra formación especializada:

    Mediación: ámbitos y técnicas de aplicación

  • Acuerdo de IFIS Educación y el Colegio Oficial de Trabajo Social

    IFIS llega a un acuerdo con el Colegio oficial de Trabajo Social

    IFIS Educación y el Colegio Oficial de Trabajo Social llegan a un acuerdo

    Tenemos el placer de comunicaros el acuerdo firmado entre el Colegio Oficial de Trabajo Social y el Instituto de Formación en Intervención Social (IFIS) gracias al cual los colegiados y colegiadas podrán beneficiarse de un 10% de descuento en toda nuestra oferta formativa, presencial y online, excepto en el Posgrado en Dirección de centros de Servicios sociales.

    Si eres miembro del Colegio Oficial de Trabajo Social y quieres formarte con nosotros, solo tienes que presentar un documento que acredite tu pertenencia en cursos@ifiseducacion.com.

    ¡Te esperamos!

  • Cursos presenciales en Intervención social. Enero 2019

    Cursos presenciales y online IFIS enero 2019

    2019 llega cargado de buenísimas noticias a iFIS. Después de un 2018 de intensa formación en intervención social, arrancamos enero con la mirada puesta en todos los cursos, seminarios y conferencias a los que podrás asistir en las próximas semanas. ¡Todo lo mejor para continuar cambiando el mundo desde la intervención social!

    Esta es la convocatoria de cursos para este año:

    10% de descuento en los cursos iFIS para los colegiados y colegiadas del CPEESM

    Además, te ofrecemos facilidades de pago y orientación profesional. Puedes consultarnos cualquier duda en cursos@ifiseducacion.com o en el 91 297 3326.

    Las clases se impartirán en IFIS EDUCACIÓN.
    C/San Marcos, 39 (metro Chueca o Banco de España).

  • Conflicto y mediación

    Al producirse el conflicto, la mediación es una herramienta capaz de generar cambios y acciones positivas.

    La sociedad actual está sometida a profundos y a rápidos cambios y los conflictos tienen más que nunca, un papel protagonista. Valores cada vez más predominantes, como el individualismo, el inconformismo, la inestabilidad, la inmediatez o la incertidumbre hacen de la sociedad un entramado de redes y relaciones cada vez más complejas. Resulta, por tanto,  inconcebible la vida sin disputas.

    El conflicto, surja en el contexto que surja, se caracteriza por una serie de elementos, se desglosa en diferentes tipologías, se produce en distintas fases... El estudio y análisis de todos estos contenidos permite un mejor conocimiento de los desacuerdos y desavenencias que a día de hoy acontecen, pero también es fundamental ser conscientes del componente emocional que tiñe todos y cada uno de los conflictos. Emociones y sentimientos impregnan de un importante potencial a las relaciones humanas, también a las que se encuentran en una situación de conflicto.

    El contenido emocional se presenta como un elemento subjetivo y como una respuesta ante un determinado hecho, por ello es un aspecto esencial a tener en cuenta, dado que las emociones y los sentimientos también forman parte de la naturaleza humana y siempre están presentes, con mayor o menor intensidad, en un proceso de mediación.

    La mediación se manifiesta como una herramienta capaz de generar cambios y acciones positivas, de una forma participativa y transformadora, caracterizada por el protagonismo de las partes implicadas. El profesional de la mediación adopta un papel neutral e imparcial y conduce y guía el proceso a través de las técnicas específicas, asistiendo a cada una de las personas inmersas en el conflicto a transitar por el mismo de una forma constructiva, por medio del diálogo, la empatía y la cooperación.

    El concepto de mediación tiene diferentes acepciones y formas de aplicación según el contexto en el que se produzca: familia, comunidad, empresa, escuela... En todos estos ámbitos cabe la posibilidad de iniciar una mediación, siempre que exista voluntariedad y libertad y se cumplan unos mínimos normativos y éticos que no menoscaben ninguno de los principios de la disciplina ni vulneren los derechos de las partes y/o terceros no presentes. La mediación adoptará una metodología y un enfoque propios dependiendo del contexto de aplicación; la duración del proceso, algunas técnicas y herramientas y los objetivos, pueden variar de un ámbito de aplicación a otro, pero en esencia, la mediación en su generalidad, persigue la gestión de los conflictos y la transformación de las relaciones humanas, con la meta final de implantar una cultura de paz en la sociedad.

    Si quieres obtener las herramientas y técnicas para la mediación de conflictos, te esperamos en nuestra formación especializada:

    Mediación: ámbitos y técnicas de aplicación

    Ana Isabel Rodríguez Cordero y Bárbara Gusi Alcalde

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